Los países del Este fracturan una postura común ante la crisis de los refugiados

Los ministros europeos acordaron la reubicación de 120.000 refugiados, con el voto en contra de Eslovaquia, Rumanía, Hungría y República Checa.

30/11/2015


Los jefes de Estado y de Gobierno europeos quisieron dar en su última cumbre un mensaje de unidad ante la crisis de refugiados, pero la realidad es que los países del Este fracturaron una postura común de la UE ante este gran desafío. Hubo cuatro países que votaron en contra de un sistema de reparto más justo y equitativo, basado en cuotas, poniendo en evidencia las dificultades que encuentra Europa para mantenerse unida.

Se consiguió alcanzar un acuerdo para la reubicación de 120.000 refugiados en dos años, pero no pudo ser por unanimidad. La diplomacia trabajó sin descanso para conseguir que todos los Estados miembros aceptaran un nuevo sistema, dejando atrás cualquier referencia a las cuotas obligatorias. A pesar de todos los esfuerzos, votaron en contra cuatro países: República Checa, Eslovaquia, Rumanía y Hungría, con la abstención de Finlandia.

El acuerdo, por lo tanto, se aprobó por mayoría cualificada, sin el respaldo de los países del Este. Polonia también amenazaba con rechazar el proyecto, pero finalmente optó por votar a favor. Una vez el nuevo sistema quedó aprobado por el Consejo, todos los países tienen la obligación de cumplirlo y de recibir la cuota de refugiados que se le asigne aunque su voto fuese negativo a la misma. Además, la Comisión se reserva el derecho a imponer sanciones a aquellos países que no lo apliquen. “La dictadura de la mayoría”, se atrevió a considerar el primer ministro eslovaco, Robert Fico.

Sin embargo, aprobar por mayoría cualificada una decisión es tan legal como aprobarla por unanimidad. Los tratados permiten en ciertas ocasiones que se voten las decisiones y se aprueben por amplias mayorías, lo que evita que pueda haber bloqueos de ciertos países. Fuentes diplomáticas reconocieron que generalmente no se es partidario de aprobar acuerdos sin que la decisión sea unánime, pero en esta ocasión se veía claramente que no había otra alternativa.

La Comisión Europea había previsto que además de ayudar a Grecia e Italia se reservara un cupo para aliviar la crisis en Hungría, para la que había previsto la salida de 54.000 refugiados para reinstalar en otros Estados miembros. Sin embargo, el Ejecutivo de Víktor Orbán decidió salirse de la propuesta a pesar de ser también uno de los beneficiarios. Quien conoce cómo se gestó la propuesta señala que la Comisión no preguntó a Hungría si ésta quería ser beneficiaria del programa. Simplemente la incluyó, al recibir quejas continuas del Ejecutivo húngaro sobre la presión a la que estaba siendo sometido el país ante la afluencia masiva de refugiados.

Hungría ha cerrado sus fronteras, elevando vallas por partida doble entre sus vecinas Serbia y Croacia. Ha endurecido sus leyes para detener a todo aquel que cruce de forma ilegal la frontera y no ha dudado en mandar al Ejército a vigilar las que son las fronteras exteriores también de la Unión Europea. Todos sus signos llevaban a pensar que quería ayuda para que algunos de los refugiados que están en el país fuesen reubicados en otros Estados miembros. Pero al parecer no era así.

El sistema aprobado queda por lo tanto de la siguiente manera: Los Estados miembros acogerán 66.000 refugiados procedentes de Italia y Grecia en una primera fase. Y en una segunda fase se reubicarán los 54.000 restantes, que han quedado en una reserva y que, previsiblemente, también provengan de Grecia e Italia. Cabría la posibilidad de que un país se acoja como beneficiario del programa si se ve desbordado por la afluencia de refugiados, de forma que este número se dividiría no sólo entre dos países sino entre quien lo solicite.

Los países que votaron “no”

Los cuatro países que votaron en contra del sistema de reparto de refugiados tampoco lanzaron después mensajes unánimes. Como si se tratara de una escala de grises, con sólo cuatro naciones hubo cabida desde el blanco hasta el negro. Con la postura más flexible llegaba Rumanía. Reconocía que aceptará demandantes de asilo, en un gesto de solidaridad. En el otro lado de la balanza, la más radical fue Eslovaquia, que llevará a los tribunales la declaración aprobada por los ministros, además de rechazar tajantemente la reubicación de refugiados.

El presidente de Rumanía, Klaus Iohannis, dijo que la cifra de refugiados que le tocaría acoger a su país es “asumible”. “Creo que Rumanía debe mostrar su solidaridad”, añadía. Podrá acoger a 1.785 refugiados, siempre hablando de un sistema de reparto voluntario. “La decisión está tomada. Entiendo que otros países prevén llevarlo a los tribunales y nosotros esperaremos a ver el resultado”, decía Iohannis a su llegada a la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la UE.

El país que elevará el caso a la Justicia será Eslovaquia, el país más contestatario con las propuestas europeas. Su primer ministro pretende no sólo no aplicar la cuota que se aprobó por mayoría en Bruselas, sino además presentar una queja ante el Tribunal de Luxemburgo.

Por su parte, la República Checa tampoco irá tan lejos. A pesar de mostrarse en desacuerdo también con el sistema de cuotas, consideraba que no se trata de un asunto sobre el que “tensar la cuerda”, porque efectivamente en algún momento ésta se puede romper y todos los países forman parte del mismo club, aunque en ciertos temas cueste creerlo.

Hungría, por último, ya no será beneficiaria del programa por voluntad propia. El país sigue insistiendo en la necesidad de cumplir las reglas, de controlar las fronteras de forma férrea. Y ofrece su ayuda para quien “tenga problemas para cumplir” con este cometido. El primer ministro, Víktor Orbán, lanzaba directamente este mensaje en Bruselas para Grecia. “Si Grecia no puede defender su frontera debería dejar a otros que lo hicieran”, señaló.


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En este contexto, los líderes europeos acordaron elevar la cuantía económica a los países en tránsito, con la aprobación de mil millones de euros adicionales y una mayor cooperación con países como Líbano o Turquía. Asimismo, reforzar la política de retorno de aquellas personas que no tengan derecho a asilo e incrementar el control de las fronteras.

Posturas por bloques

Los implicados. Son aquellos países que lideran una política solidaria para la acogida de refugiados y piden una Europa unida en uno de los desafíos más sensibles.

Alemania y Francia. Merkel liderará con Hollande una política de acogida de refugiados que permita un sistema justo de reparto. Enseñan la puerta a quienes no promulgan los valores europeos.

Suecia. Está volcada en la acogida de refugiados y tacha de vergonzoso que haya países que rechacen las cuotas.

España y Portugal. Aceptan la cuota que se le asigne en Bruselas en una respuesta solidaria hacia los refugiados

Los indiferentes. Países que podrían sumarse al reparto de refugiados de forma voluntaria, aunque legalmente les exime una cláusula de excepción, según los tratados europeos.

Reino Unido. Finalmente no participará en el proyecto de reubicación que plantea la Comisión Europea. Es posible que los acoja de forma directa, sin pasar por el “marco europeo”.

Dinamarca. La actitud danesa va más allá. Busca directamente disuadir a los refugiados de llegar al país. Expresamente dice que los sirios no serán acogidos en Dinamarca.

Los contrarios: Naciones que no respaldan un reparto de refugiados según un sistema de cuotas obligatorias y que no están dispuestos a aceptar la palabra imposición en un texto europeo.

Hungría. Es el país que lidera este bloque de rechazo a los refugiados. Se ha protegido con vallas en sus fronteras y ha endurecido las leyes para detener a quien entre en el país de forma ilegal.

Eslovaquia. También rechaza la propuesta europea. Impugnará la decisión del Consejo en los tribunales y amenaza con no cumplir la decisión acordada.

República Checa. Se siente cómoda con la posición de Hungría y el rechazo de cuotas impuestas desde Bruselas.

Polonia. Seguidor fiel de Hungría, se desmarcó en la votación y dio el sí al reparto de refugiados.//

Lidia Soria. Bruselas